El sillón bordo y blanco casi dormido, pudo distinguir entre resortes ruidosos y cuerina gastada, dos bocas que en plena guerra de narices se chocaron por primera vez. Esa fue la mas mágica hermosura que surgió en mi vida. Y el sillón testigo ahí. Estático, escénico (tal vez indiferente) en el lugar y momento justo para ver el comienzo de esa historia mojada en mates con miel, esa historia mía (nuestra), que es la mas hermosa.
Él vive (siente) a dos humanos amarse sin volteretas ( o mejor dicho, dando muchas volteretas sobre él), pegando la piel transpirada sobre su cuerina bordo y blanca, haciendo ruido con sus resortes, declarándose Chocolates, chocando "panza con panza" y tantas otras cosas que hoy me hacen un poquito quien soy. Sin mas borbotoneras palabras, me animo a decir que si hay alguien que puede hablar de mi, es el sillón bordo y blanco, inquilino, cuasi inmortal de la casa chiquita, con olor a sahumerio.
